Sábado, 08 Octubre, 2005 - 11:55 (1799 lecturas)
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TRIBUNA – LA VANGUARDIA (8/10/2005)
FINLANDIA – JUAN TUGORES
“El país nórdico valora social y económicamente a los maestros y fomenta la lectura”
Finlandia fue noticia hace unos meses cuando el famoso informe Pisa, de la OCDE, lo consagró como el país con mejor nivel educativo.
Aunque en España la noticia fue que ocupábamos el puesto 24 (de entre 28 países), el hecho de que Finlandia y otros países del centro y norte europeos ocupasen, junto a países asiáticos, los primeros lugares del ranking de cualificaciones educativas llamó la atención sobre la correlación entre cierta idea de calidad de vida y/o competitividad y el conocimiento o capital humano.
TRIBUNA – LA VANGUARDIA (8/10/2005)
FINLANDIA – JUAN TUGORES
“El país nórdico valora social y económicamente a los maestros y fomenta la lectura”
Finlandia fue noticia hace unos meses cuando el famoso informe Pisa, de la OCDE, lo consagró como el país con mejor nivel educativo.
Aunque en España la noticia fue que ocupábamos el puesto 24 (de entre 28 países), el hecho de que Finlandia y otros países del centro y norte europeos ocupasen, junto a países asiáticos, los primeros lugares del ranking de cualificaciones educativas llamó la atención sobre la correlación entre cierta idea de calidad de vida y/o competitividad y el conocimiento o capital humano.
Esta correlación ha llamado clamorosamente la atención cuando, a finales de septiembre, el Foro Económico Mundial –la entidad que organiza los anuales encuentros de Davos– ha publicado la nueva edición de sus rankings de competitividad en los cuales Finlandia emerge de nuevo en primera posición… al tiempo que España pierde seis posiciones (de la 23 a la 29). Y, nuevamente, la combinación de países nórdicos y asiáticos muestra como sistemas sociales y políticos diferentes pueden tener buenos desempeños en competitividad – un concepto demasiado poliédrico como para aceptar “recetas únicas” –, pero haciendo obvia la ligazón entre educación y prosperidad y/o competitividad.
¿Cuáles son las claves del modelo de Finlandia, especialmente relevante para un país que en poco tiempo ha emergido desde su proximidad/dependencia de la URSS? Por un lado, como explican los profesores Jordi Riera y Javier Melgarejo, una sociedad cohesionada y con hábitos de lectura importantes –con una excelente red de bibliotecas –, en que los niños y niñas están acostumbrados a ver a sus mayores leer. Por otro, una valoración social de las tareas de los maestros, especialmente de los niveles infantil y primaria, que convierte el acceso a esas funciones en una tarea con el prestigio y la exigencia de las más cotizadas.Que ello se traduzca en salarios y medios de formación continua que desbordan con mucho a los presentes aquí es una de las plasmaciones de esa valoración social.
Asimismo, la apuesta por la formación en idiomas y en tecnologías de la información y comunicación va mucho más allá de la esperable en un país pequeño con lengua minoritaria y un clima que hace más valiosa la comunicación virtual.
Una apuesta que parte de constatar que el valor de lo que sabemos se multiplica por mucho en el mundo global si se expresa en inglés y transmitir vía las TIC facilitando la inserción en las redes globales de creación de riqueza.Ysin permitirse fracasos masivos ni autocomplacerse sólo con una elite minoritaria más o menos destacada o “excelente”.
Finlandia evidencia cómo cohesión y competitividad pueden ser complementarias.Unsistema educativo amplio y de calidad permite al mismo tiempo un país y una sociedad más cohesionados por la equidad y más competitivo por eficiente. Y la construcción de ese sistema educativo amplio de calidad se está haciendo –en Finlandia, por supuesto– equilibrando –como es tan razonable como deseable– eficiencia y equidad. Gastando (algo) más que nosotros, pero sobre todo gastando bastante mejor. ¿Y qué aprendemos aquí de todo eso? Por ahora, a usar móviles, como Nokia: España aparece en otro conocido ranking entre los diez primeros países en móviles per cápita, aunque esas TIC abundan comparativamente más entre adolescentes en edad escolar, que en implantación productiva en las empresas.
JUAN TUGORES, catedrático de Economía de la UB
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